
Erick Olivera Méndez
La guerra en Ucrania ha entrado en una fase en la que los campos de batalla y las salas de negociación se conectan. Desde que Donald Trump se reunió con Vladimir Putin en Alaska, las piezas del tablero diplomático se han movido con rapidez. Lo que está en juego no es sólo el destino de Ucrania, sino también la forma en que se redefinirá el orden de seguridad en Europa y el papel de Estados Unidos en el mundo.
Trump ha dejado claro que su visión de la paz pasa por concesiones territoriales, pues según filtraciones, el presidente apoyaría la propuesta rusa de que Ucrania entregue por completo el Donbás —las regiones de Donetsk y Lugansk— y renuncie definitivamente a Crimea, anexada por Moscú en 2014. Además, ha sentenciado que Ucrania no debe ingresar a la OTAN, una exigencia que coincide palabra por palabra con la obsesión estratégica de Putin. Para Trump, esa sería “la paz inmediata”. Para Kiev, en cambio, significaría aceptar la amputación permanente de su territorio y reconocer una derrota política que no ha sido consumada militarmente.
La reacción europea a este escenario ha sido de cierre de filas con Volodimir Zelensky. Emmanuel Macron, Keir Starmer, Friedrich Merz y Ursula von der Leyen anunciaron que acompañarán al presidente ucraniano a Washington este lunes. Se trata de un gesto cargado de simbolismo, pues no quieren dejarlo solo frente a Trump, como ocurrió en febrero, cuando la visita de Zelensky a la Casa Blanca terminó en un regaño público y en la sensación de aislamiento. Esta vez, Europa pretende actuar como contrapeso y darle fuerza política al líder ucraniano.
La Unión Europea incluso ha mostrado disposición a respaldar un esquema de “garantías de seguridad” para Ucrania sin ser parte formal de la OTAN. Es un reconocimiento implícito de que la membresía plena sigue vetada por Washington, pero también un esfuerzo por blindar a Kiev frente a la tentación de un acuerdo impuesto que lo deje desprotegido.
En el terreno militar, la situación tampoco es definitiva. Rusia controla alrededor del 70 por ciento de Donetsk y casi todo Lugansk, pero no ha podido romper las defensas escalonadas ucranianas en el eje Kramatorsk-Sloviansk. En los últimos días, las fuerzas de Kiev lograron recuperar localidades cerca de Dobropilia y casi cercar a unidades rusas. Estas victorias tácticas, aunque limitadas, alimentan el argumento de que aún no hay motivos para aceptar una derrota.
La cita en Washington será decisiva y Trump llega con la narrativa de que sólo él puede terminar la guerra, pero lo hace sobre la base de concesiones que debilitarían a Ucrania y premiarían la agresión de Putin. Zelensky, por su parte, viaja con el respaldo de los principales líderes europeos.
En el fondo, lo que se disputa no es únicamente el mapa del Donbás, sino el principio de si una potencia puede cambiar fronteras por la fuerza y luego consagrar ese botín en una mesa de negociación. La batalla por Ucrania es también la batalla por las reglas que definirán el futuro del orden internacional.