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China, la ONU y la disputa por el orden global

Erick Olivera Méndez

Las declaraciones del presidente chino, Xi Jinping, en Pekín junto al primer ministro de Finlandia, Petteri Orpo, no se percibieron solo como un gesto diplomático. Al insistir en que China busca defender firmemente el sistema internacional que tiene a Naciones Unidas como su eje, Xi está delineando un compromiso político en un momento en el que el orden internacional está en disputa y Pekín quiere presentarse como uno de sus principales garantes.

Las palabras de Xi responden directamente al anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la creación de una nueva “Junta de Paz”, una iniciativa que ha despertado inquietudes por su posible intención de competir o incluso desplazar a la ONU como foro central para la gestión de conflictos internacionales. Para China, que ha sabido usar los espacios multilaterales para ampliar su influencia sin romper abiertamente con las reglas existentes, este tipo de propuestas suenan a unilateralismo disfrazado de reforma.

Desde hace años, Pekín se presenta como defensora del multilateralismo, del respeto a la soberanía y de un orden basado en normas internacionales. Sin embargo, esa defensa convive con una realidad más compleja. China es al mismo tiempo un beneficiario del sistema de la ONU y un actor que busca reformarlo desde dentro para reflejar mejor el peso de las potencias emergentes. La diferencia con Washington, al menos en el discurso, es que Pekín insiste en hacerlo sin dinamitar las estructuras existentes.

El hecho de que China haya sido invitada a la “Junta de Paz” de Trump, pero no haya confirmado su participación, refuerza esta lectura. Más que sumarse a un esquema alternativo, Xi parece decidido a marcar una línea roja sobre cualquier intento de crear organismos paralelos y erosionar la legitimidad del sistema multilateral.

La visita de Orpo, y las recientes llegadas a Pekín de líderes como Emmanuel Macron y Mark Carney, así como la inminente visita de Keir Starmer, evidencian otro fenómeno, el reacomodo de los aliados tradicionales de Estados Unidos ante la volatilidad de la política exterior de Trump. En ese escenario, China aprovecha el vacío para proyectarse como un socio estable, previsible y comprometido con las reglas del juego internacional.

Pero la defensa china de la ONU no está exenta de contradicciones. Su historial en materia de derechos humanos, su creciente presión sobre Taiwán y su postura en conflictos regionales generan escepticismo en amplios sectores de la comunidad internacional. La pregunta no es solo si China defiende a la ONU, sino qué tipo de ONU quiere defender y bajo qué valores.

En un mundo cada vez más fragmentado, la disputa ya no es únicamente por el poder económico o militar, sino por la legitimidad del orden global. Y en esa batalla simbólica, la ONU sigue siendo el escenario central. China lo sabe y, por ahora, ha decidido jugar ahí.