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Los compromisos de la banca

Erick Olivera Méndez

Los principales banqueros del país acudieron esta semana a Palacio Nacional con el compromiso de impulsar el financiamiento para el crecimiento económico. Entre los ofrecimientos, al menos en el discurso, destacó el de incrementar el crédito hasta representar 50 por ciento del Producto Interno Bruto para 2030, desde el actual 35 por ciento, y acompañar al gobierno federal en la expansión de la inversión pública y privada en infraestructura, energía y sectores estratégicos como las micro, pequeñas y medianas empresas.

En un país en donde históricamente el crédito ha sido más una excepción que una palanca de desarrollo, el anuncio suena prometedor. México sigue rezagado frente a otras economías emergentes donde el financiamiento supera con facilidad la mitad del PIB. Que la banca reconozca esta limitación estructural y se comprometa a revertirla es, en sí mismo, un paso relevante.

Aunque no es la primera vez que el sector financiero promete más crédito, más inclusión y más digitalización. Los compromisos asumidos en la Convención Bancaria del año pasado, financiar al menos a 30 por ciento de las mipymes al cierre del sexenio y acelerar la digitalización de la economía, siguen pendientes. Es fundamental se transformen las prácticas que han mantenido al crédito concentrado en grandes corporativos y segmentos de bajo riesgo.

El contexto económico exige algo más que buena voluntad. La presidenta ha sido clara al pedir que la banca acompañe al Estado en un esfuerzo coordinado para detonar inversión, justo cuando se anuncian nuevos planes carreteros, portuarios y aeroportuarios. Ahí es donde los compromisos deberán materializarse en tasas competitivas, plazos razonables y una mayor disposición a asumir riesgos productivos, especialmente en regiones y sectores históricamente excluidos.

La presencia de los líderes de los principales grupos financieros (BBVA, Santander, Banorte, Banamex, HSBC, Scotiabank, Citi e Inbursa), manda una señal política y económica poderosa. Pero también concentra la responsabilidad. Si el crédito no fluye, si las mipymes siguen atrapadas entre la informalidad y la falta de financiamiento, o si la digitalización se queda en campañas publicitarias, la narrativa del crecimiento financiado por la banca se vaciará de contenido.

La banca mexicana tiene capital, tecnología y márgenes suficientes para jugar un papel más activo en el desarrollo nacional. Lo que está en juego no es solo su rentabilidad, sino su legitimidad social. Financiar el crecimiento no puede ser únicamente una consigna sino una realidad. El sector bancario deberá convertir el crédito en una política sostenida, medible y verificable, y asumir el compromiso de Estado de financiar el desarrollo y contribuir al impulso de la economía nacional.