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México y el factor China

Erick Olivera Méndez

En medio de la creciente tensión comercial entre Estados Unidos y China, nuestro país enfrenta el dilema de cómo equilibrar su integración económica al mercado estadounidense con el papel creciente del gigante asiático como proveedor estratégico y socio global.

Durante el Foro de Cooperación de Medios de la Franja y la Ruta 2025, Ma Hui, viceministro del Departamento Internacional del Comité Central del Partido Comunista de China, dijo que si México decide alinearse con la política arancelaria de Washington, no solo afectaría los intereses chinos, sino que también pondría en riesgo sus propias cadenas de valor y el superávit comercial que hoy mantiene con Estados Unidos.

México importa de China componentes, piezas y materiales intermedios que luego procesa y reexporta a Estados Unidos en forma de manufacturas de mayor valor. Este modelo ha sido la base del éxito exportador mexicano, particularmente en sectores como el automotriz y la electrónica. Cerrar o encarecer ese flujo implicaría encarecer la producción mexicana y, en consecuencia, debilitar su competitividad frente a otros países.

Pero más allá de la lógica económica, lo que plantea Ma Hui revela el trasfondo geopolítico de la disputa. China acusa a Estados Unidos de mantener una política intervencionista en América Latina que recuerda a la Doctrina Monroe referente a presionar, condicionar y bloquear todo acercamiento entre Pekín y los gobiernos de la región. China también busca proyectar su visión de un orden internacional multipolar basado en el libre comercio, oponiéndose radicalmente a lo que considera el unilateralismo estadounidense.

En este tablero, México ocupa una posición particularmente delicada, ya que por un lado depende de manera estructural del mercado de Estados Unidos; y por otro, no puede ignorar que China se ha convertido en un actor muy importante para la estabilidad de la economía global y un socio cada vez más presente en América Latina. El reto para el gobierno mexicano será evitar que su política comercial se convierta en rehén en la confrontación entre las dos potencias.

Lo que está en juego no es únicamente la cadena de suministros, pues también se trata de la autonomía política y de la posibilidad de que México ejerza un liderazgo regional con voz propia, en vez de limitarse a reproducir las directrices de Washington. La advertencia de Ma Hui sobre los costos de alinearse con los aranceles estadounidenses pone de relieve que México tiene margen para diseñar una política exterior pragmática que combine la cercanía geográfica con Estados Unidos con una apertura estratégica hacia China y otros socios del Sur Global.

En un mundo donde las tensiones comerciales se traducen rápidamente en tensiones políticas, México necesita una visión de largo plazo que priorice la diversificación y el interés nacional. El “factor China” puede verse como una amenaza, pero también puede representar una oportunidad para replantear el papel de nuestro país en la economía internacional.